Cuando quien levanta el país no puede permitirse vivir en él
Cuando quien levanta el país no puede permitirse vivir en él
Tiempo de lectura, 4-5 minutos.
La paradoja del autónomo en un sistema que premia la quietud y castiga el impulso
En España, el autónomo madruga antes, factura más y arriesga siempre. Pero cuando llega al banco a pedir una hipoteca, le exigen avales, declaraciones, garantías y casi un certificado de estabilidad emocional.
El funcionario, símbolo de la seguridad, no del privilegio, entra en un banco, entrega su nómina y sale con las llaves de su casa nueva.
Y obviamente no, no es culpa del funcionario, es culpa de un sistema que confunde la estabilidad con la solvencia y penaliza el riesgo en lugar de premiarlo.
Dos Españas: la del crédito y la del alquiler
Mientras el asalariado estable compra, el autónomo alquila, y no porque lo prefiera, sino porque el sistema financiero lo excluye de la propiedad.
Y así, quien genera riqueza productiva acaba pagando cada mes más por un alquiler que por una hipoteca a la que, probablemente, nunca tendrá acceso.
El funcionario, por poner un ejemplo de sueldo estable, paga menos al banco y, con el tiempo, quizá alquile su segunda vivienda a ese mismo autónomo que no pudo comprar.
Una ironía redonda, de las que España fabrica con precisión milimétrica.
Una sentencia que reconoce lo evidente: el inquilino necesita estabilidad
La reciente sentencia del Tribunal Supremo, que permite contratos de alquiler de hasta 30 años si hay acuerdo entre las partes, no revoluciona el mercado, pero introduce un matiz fundamental: reconoce que vivir de alquiler también exige estabilidad.
En un contexto donde el alquiler ya cuesta más que una hipoteca, esta sentencia no institucionaliza la dependencia, sino que humaniza una realidad: millones de personas, muchas de ellas autónomas, solo pueden alquilar.
Y, al menos, merecen la tranquilidad de poder quedarse.
Los números que no encajan
El discurso oficial repite que España se sostiene gracias a sus grandes corporaciones, sus bancos, sus hoteles o sus aerolíneas. Pero los datos dicen otra cosa:
- El 99,8 % de las empresas españolas son pymes o autónomos. https://www.mineco.gob.es/
- Más del 60 % del PIB y cerca del 70 % del empleo dependen directamente de ellos. https://ata.es/ https://cepyme.es/
Entonces, ¿por qué los rescates siempre van a parar a quienes suponen la parte más pequeña del pastel?. ¿Por qué inyectar miles de millones en aerolíneas, bancos o cadenas hoteleras en lugar de invertir en quienes realmente mueven la economía real?
Si en lugar de rescatar entidades quebradas se hubiera
respaldado la liquidez y protección del tejido autónomo,
el retorno social y fiscal habría sido mayor, más rápido y más justo.
Pero la política, a menudo, confunde la visibilidad con la importancia.
Y los autónomos no tienen lobby ni anuncios en televisión, solo facturas.
El sistema que premia la quietud y castiga la iniciativa
La banca actual no valora el esfuerzo, sino la previsibilidad. El asalariado estable es un producto financiero perfecto: sin sobresaltos, medible, hipotecable. El autónomo, en cambio, es una variable incómoda: gana más, pero no siempre igual.
Y por eso, el sistema prefiere a quien no se mueve, aunque el que se mueve sea quien mantiene el país en marcha.
Resultado:
- El que arriesga, pierde.
- El que innova, se endeuda.
- El que mantiene todo igual, acumula patrimonio.
Una economía que castiga la iniciativa y premia la quietud se condena a envejecer, a depender de subsidios y a expulsar talento.
La hora de construir un sistema propio
Si el estado y los bancos no cambian las reglas, los autónomos quizás tendrán que construir las suyas.
- Una banca cooperativa de crédito, donde la solvencia se mida por el flujo real de trabajo, no por una nómina.
- Mutualidades financieras y de protección, que sirvan como aval colectivo, seguro de ingresos y fondo de emergencia.
- Modelos de alquiler con opción de compra o capitalización parcial, para que cada pago mensual acerque, aunque sea un poco, a la propiedad.
- Y, ¿por qué no? Llegado el momento, una agrupación de electores o un partido político propio, que defienda con rigor técnico y voz unificada los intereses del colectivo más productivo y más castigado del país. Un movimiento que no dependa de ideologías, sino de realidad económica y justicia fiscal.
Porque si el Estado y los partidos tradicionales no los representan, los autónomos tendrán que representarse a sí mismos.
Cuál es la moraleja de todo esto???
El funcionario duerme tranquilo, y está bien que así sea. Pero el autónomo es quien mantiene despierto al país, y ya va siendo hora de que el país le devuelva un lugar donde descansar sin miedo.
Porque si quien levanta el país no puede permitirse vivir en él,
el problema no está en los autónomos. Está en el sistema.
https://www.bde.es/ → Banco de España
https://www.fundacionata.es/ → Fundación ATA (Autónomos)
https://cepyme.es/informes-y-publicaciones/ → informes sobre pymes
https://www.sepi.es/ → información sobre rescates de empresas
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